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La Coctelera

Situación Actual de las y los Jóvenes Guatemaltecos

Guatemala es un país compuesto por una población eminentemente joven. De un total de 11 millones 237 mil 196 habitantes, aproximadamente 8 millones de guatemaltecos y guatemaltecas están comprendidos entre los 0 y 30 años de edad, y de ellos, alrededor de 4 millones son jóvenes entre los 15 y 29 años, de los cuales el 48.6% son jóvenes indígenas, 51% mujeres jóvenes, y el 60.3% jóvenes que viven en el área rural. Según el Instituto Nacional de Estadística, aproximadamente un 54.33% de la población juvenil entre los 15 y 29 años (1.733.867 jóvenes) vive en condiciones de pobreza (El Informe de Desarrollo Humanos 2000 reporta que el porcentaje de pobreza se encuentra en un 60%), sin acceso adecuado a los servicios básicos que presta el Estado y, por ende, sin la posibilidad de acceder a fuentes de ingresos que mejoren sus condiciones de vida.

La juventud adolescente accede a la educación básica tan sólo en un 19.1%; un 14.6% a carreras de diversificado, y de la juventud en edad de ingresar a la educación superior únicamente el 1.4% logra hacerlo. Del estudiantado adolescente, sólo el 28.4% concluye los estudios básicos y un 15.8% el ciclo de diversificado. El problema de falta de acceso a la educación se agrava para la juventud indígena, en la cual la cifra de analfabetismo alcanza el 42.5%; y se torna escandaloso en el caso de las mujeres jóvenes adultas, cuyo índice de analfabetismo llega al 73.4%. Es importante destacar que aproximadamente 400 mil jóvenes pasan a la vida adulta sin saber leer ni escribir.

La falta de un nivel educativo adecuado, aunado a las pocas fuentes de empleo, son factores que lanzan a miles de jóvenes al mercado laboral para ser víctimas de la explotación en ese ámbito, o a ser parte de los procesos que la economía informal ha generado en el país. El 37.88% de la Población Económicamente Activa (PEA) está compuesto por jóvenes de entre 15 y 29 años de edad; sin embargo, se calcula que el 52% de ellos está desempleado. En el año 2003 se estimó que aproximadamente 423 mil jóvenes entre 15 y 17 años buscaban trabajo, siendo obligados en su mayoría a abandonar su proceso de educación formal y a estancarse socialmente. La falta de empleo y oportunidades de desarrollo obligan a muchos adolescentes y jóvenes a emigrar hacia los Estados Unidos.

En ese contexto, es importante evidenciar el incremento de la participación de adolescentes y jóvenes en procesos delincuenciales y en las maras, quienes consecuencia de problemas familiares, la violencia, la falta de oportunidades y fuentes de ingresos, de educación y recreación, terminan involucrándose en dichos procesos. Aproximadamente 35 mil adolescentes y jóvenes participan en las maras. Las medidas gubernamentales sólo están dirigidas a reprimir y no a prevenir dichos problemas, concretándose en acciones que inducen a afirmar que en Guatemala existe una limpieza social dirigida hacia la juventud, tomando en consideración las características de las detenciones ilegales de jóvenes y el desmesurado número de asesinatos cometidos en su contra, ascendiendo a 2,425 en el año 2004 (2,181 hombres y 244 mujeres) de entre 14 y 29 años, teniendo estadísticas parecidas en el año 2005 y se contará con datos similares en 2006.

Situación de las Jóvenes Indígenas de Guatemala

Las mujeres

Las mujeres indígenas suelen ser el grupo más desfavorecido y marginado en cualquier país. Es habitual que, en muchas comunidades rurales, las niñas y las mujeres sean las que menos oportunidades tengan para acceder a educación, tierras, atención médica y justicia.

Las jóvenes emplean horas en las labores domésticas, lejos de las escuelas y los libros. Suelen ser analfabetas, carecen de servicios de salud básica y llegan a ser víctimas de la violencia, tanto en el hogar como a manos de las fuerzas armadas. En algunas comunidades, las niñas sólo hacen una transición entre el hogar de sus padres y el de su marido. Y lo mismo que les ocurre con la educación, la nutrición y el bienestar, sus opiniones no cuentan.

La exclusión y discriminación de que son objeto las niñas y las mujeres indígenas tienen graves consecuencias. La falta de educación y de acceso a los servicios de salud puede dar lugar a elevadas tasas de mortalidad infantil y materna y a la desnutrición. En un mundo socioeconómico que evoluciona con rapidez, son importantes también otras costas importantes. A medida que los pueblos indígenas pierden control sobre sus tierras y recursos ancestrales –tendencia que se acelera– las niñas y mujeres son presa cada vez más del abuso sexual, la trata de personas, la explotación del trabajo y el turismo sexual.

Enfrentadas a la pobreza y la inseguridad alimentaria, muchas mujeres migran a las ciudades y a otros países en busca de ingresos y sustento para sus familias. Allí encuentran empleo en fábricas y maquiladoras, donde suelen trabajar un mayor número de horas, en peores condiciones y con un salario inferior al de los hombres.

Muchos activistas de base se percatan de lo difícil que es abordar las cuestiones de género en las sociedades indígenas debido al doble reto de respetar el derecho a la libre determinación de las comunidades indígenas, que se rige por normas culturales y tradicionales, y al mismo tiempo insistir en el derecho fundamental a la no discriminación y a la igualdad entre los sexos.

Los jóvenes

La niñez y juventud son un elemento central en la salvaguardia de los conocimientos vinculados con su herencia cultural y natural. Los niños y jóvenes indígenas son los portadores y transmisores de sus culturas, pero su propia situación es peligrosa. Viven en condiciones de exclusión, marginación, racismo y discriminación, que les impide desarrollarse como seres humanos y ciudadanos plenos por derecho propio.

Hay pruebas más que suficientes de que los niños y jóvenes indígenas suelen ser objeto de discriminación y de que se intenta hacer que se avergüencen de su identidad. Carecen de una educación culturalmente apropiada y de servicios de atención de la salud. Se calcula que la esperanza de vida de los niños y jóvenes indígenas es veinte años menos que la de los demás y que siguen padeciendo enfermedades que se pueden prevenir.

Estos niños viven en casas que suelen carecer de agua corriente, electricidad y servicios sanitarios, y su acceso a la educación general es limitado o nulo. Cuando existen las escuelas, su lejanía y las malas condiciones físicas impone dificultades que les impide asistir regularmente o de forma continuada a clases.

El encarcelamiento, la explotación sexual, el desempleo y el suicidio son un hecho común en la vida de los jóvenes indígenas. En lugar de obtener protección de las autoridades judiciales, suelen ser objeto de acoso y amenazas de los oficiales de policía.

Los gobiernos, los dirigentes de las comunidades, incluso los padres suelen hacer oídos sordos de las apenas audibles inquietudes de los niños indígenas.